Desde principios de la historia el hombre se ha manifestado utilizando como soporte comunicativo los muros, ya desde las cuevas de Altamira o la ciudad de Pompeya, podemos ver como la necesidad comunicativa hace que se tome el entorno en el que el individuo se ve inserto como papel para plasmar sus ideas.
Cuando me encontré con el articulo “No me resigno a ser pared. Graffitis y pintadas en la ciudad artefacto” publicado en www.revista-artefacto.com.ar por Claudia Kozak, dos puntos llamaron mi atención en primer lugar el termino con el cual denomina a la ciudad, el adjetivo de artefacto, ¿a que se refería la autora con esto? ; en segundo lugar la afirmación de no resignarse, de dejar de ser solo un divisor estructural entre el adentro y el afuera y tomar un rol comunicativo.
Cuando la autora se refiere a la “ciudad artefacto” hace referencia citando sus palabras a “
La afirmación de no resignarse a ser pared trae aparejada el anunciador de los mensajes, si bien como plantea la autora las paredes enuncian los diferentes mensajes, existe tras de ellos alguien que inscribe su mensaje, que irrumpe en la piel de las ciudades buscando en ellas su forma de expresarse. Esta práctica generalmente anónima delega la enunciación a la pared quien deja de ser pared para convertirse en soporte de la comunicación. Dice Claudia Kozak haciendo referencia a la voz del individuo: “Esa voz que se borra a sí misma, se hace anónima, en su desplazamiento hacia la pared “.
Es entonces, en donde me planteo que, si pensamos en la ciudad contemporánea no podemos dejar de lado el mayor lienzo en el cual podemos inscribir nuestras mensajes, donde podemos irrumpir con el orden establecido y lograr atraer las miradas de los transeúntes, las paredes de nuestras ciudades. Como diseñadores no podemos dejar de lado este soporte para inscribir nuestros diseños y nuestras practicas de todos los días.
